miércoles, 1 de octubre de 2014

El origen del patriarcado, la dominación en sociedades sin Estado y la falacia de la igualdad

Es innegable, que no quiere decir aceptable, el camino andado en cuanto a los conocimientos y saberes adquiridos en relación a las mujeres en el pasado. Pero la gran mayoría de estas investigaciones se retroalimentan de presupuestos claramente patriarcales. Mucho se ha criticado (y con razón) la sociedad patriarcal, el poder masculino y el papel de la mujer (y el conjunto de los transgéneros). Es ese papel, el que ha sido cuestionado muchas veces, la mayoría sin argumentos, y que culpabiliza y hace responsable a la mujer de la propia opresión padecida. La existencia de un mutuo acuerdo entre hombres y mujeres, una especie de «comunión» en la que las mujeres contribuyeron a establecer y sustentar, implicándose en su propia opresión. Esta situación de complicidad, en el imaginario colectivo se llevaría a cabo en condiciones en las que las mujeres eran libres de coerción y sin padecer ningún tipo de violencia, represión ni tan siquiera alineación. Todas estas afirmaciones sitúan a la mujer como sostenedora y transmisora de la institución del Patriarcado.
No se nos ocurren mayores muestras de insolidaridad hacia lo femenino que negar o justificar esa opresión. Al margen de una mayor o menor participación (que no cooperación) en la reproducción del Patriarcado, la mayoría de las mujeres no han contado con las herramientas suficientes para hacer frente al poder masculino. Fundamentalmente porque no comparten las mismas condiciones objetivas (trabajo, participación, producción) ni están inmersas en el mismo proceso de socialización (conocimientos, formación, cuidados recibidos, padecimientos sufridos, etc.). Por lo tanto ese tipo de discursos son altamente peligrosos, ya que tienden, por el contrario a anular toda responsabilidad por parte de los opresores. [...]

Manifiestoalalocura y Virginia 

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