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lunes, 4 de julio de 2016

Por qué odio a este puto país

Cuando de pequeño escuchaba que “España era una unidad de destino en lo universal”, me preguntaba si se referían al éxito de Massiel en Eurovisión, cantando el “La, la, la”, pero después del triunfo de la Roja en la Eurocopa 2012 he comprendido que España aún sueña con fundar un Imperio Galáctico liderado por un risueño Darth Vader ataviado con una montera y un capote carmesí. No es una broma. Los que siguieron la batalla librada contra una Italia debilitada por el “bunga-bunga” del Lord Sith Berlusconi, pudieron comprobar que un torero animaba a la selección, recordando al mundo que España siempre será la patria del botijo, las tonadilleras, el tricornio y el garrote vil.

Odio a este puto país porque al cruzar los Pirineos la caspa deja de ser un problema de higiene y se convierte en un signo de identidad nacional. Odio a este puto país porque sus pueblos aún martirizan a los animales, alegando que taladrar la piel de un toro con un estoque o lanzar a una cabra desde un campanario es arte y no tortura. Odio a este puto país porque presume de unos huevos de oro, pese a su cobardía con las incontables víctimas de la rebelión de los generales en 1936. España es un gran cementerio bajo la luna, una gigantesca fosa clandestina donde aún se amontonan los restos de maestros, poetas, obreros, campesinos, socialistas, anarquistas y comunistas, asesinados por luchar contra terratenientes, señoritos, banqueros, curas y militares. Nada augura que esos restos hallarán una digna sepultura o que el espeluznante mausoleo de Cuelgamuros será dinamitado, corriendo la misma suerte que los edificios y monumentos de la Alemania nazi y la Italia fascista. Odio a este puto país porque es un Reino y no una República, con un idiota coronado que extermina elefantes, confraterniza con dictadores, colecciona Ferraris en mitad de una pavorosa crisis económica y rivaliza con su tatarabuela Isabel II en promiscuidad, molicie, avaricia, oportunismo, populismo, estulticia y arribismo. [...]

Rafael Narbona



sábado, 3 de mayo de 2014

Ulrike Meinhof. La guerrilla urbana de la RAF

Para Ulrike Meinhof, «tirar una piedra es una acción punible, tirar mil piedras es una acción política. Incendiar un coche es una acción punible, incendiar cien coches es una acción política». Lo que determina el significado de un acto no es el acto en sí mismo, sino su magnitud y finalidad. Fundadora con Gudrun Ensslin y Andreas Baader de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), apareció ahorcada en su celda el nueve de mayo de 1976. Todo indica que se trató de un crimen de Estado, disfrazado de suicidio, curiosamente en la fecha que se cumplía el aniversario de la derrota de la Alemania nazi. En 1963, cuando aún participaba en debates y coloquios en los medios de comunicación, se preguntaba: «¿qué se puede hacer contra las armas atómicas, contra la guerra, contra un gobierno que no negocia, sino que solo se rearma?» En 1970, después de una intensa labor como periodista y agitadora social, consideró agotada la vía meramente política y ayudó a fugarse a Andreas Baader, organizando una guerrilla urbana basada en la tesis «foquistas» de Ernesto Che Guevara: «no siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución». A veces, hay que anticiparse y preparar el terreno, aunque esa iniciativa implique terribles sacrificios personales. Ulrike Meinhof asumió el coste, logrando establecer una dolorosa coherencia entre su vida y su compromiso revolucionario.

Rafael Narbona