Mostrando entradas con la etiqueta Martin Edward. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martin Edward. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de abril de 2020

Cuadernos del Sur

Los cuasimuertos
Edward Martin
Abril 2020

Graniza intensamente, más allá de lo que se pudiera esperar, después de recorrer un invierno que no ha sido invierno; ahora, con la primavera próxima, la naturaleza explota en espasmos extremos, sin lógica. Nada en el mundo parece ser lo que es o lo que debiera ser, la meteorología no va a suponer una excepción. La constante mutación de la existencia fluye sin orden, los sucesos simplemente ocurren porque pueden ocurrir, se desprenden como escamas de piel muerta, a eso se lo denomina azar; aunque el clima no lo sea y se afirme que está sometido a las leyes de la probabilidad. Graniza porque las condiciones se han dado, sin más, eso pienso. Mis plantas se han cubierto de un gélido manto blanco que no me dice nada, debería hacerme sentir alguna emoción, buena o mala. Quizá las plantas se mueran. Si se mueren las tiraré y volveré a plantar otras. Nuevos tallos ocuparán su espacio; yo soy su enterrador. No elijo si viven o mueren, podría hacerlo, a veces las cuido, mas no lamento cuando se mueren. Sé que van a morir por anticipado, no tengo buena mano con ellas, tampoco este espacio artificial del que dispongo las favorece. Escucho con apatía el ruido de las bolas de hielo, del tamaño de un grano de soja, estrellarse contra el suelo, su acontecer me hace desperezarme y abrir la ventana; el frío llena la habitación y también mis pulmones. Una de mis vecinas de arriba, a la que no veo y que no sé si conozco, a su vez ha abierto la ventana, muestra felicidad y comenta con alguien invisible el acontecimiento, como si estuviera ocurriendo algo importante. Vivimos un suceso que nos extrae del ostracismo del instante. Me importa una mierda si cae hielo del cielo o bombas de quinientos kilos, esparcidas como semillas desde aviones B-52 yanquis. Sin embargo, también he abierto la ventana porque algo no era como debía ser, aunque nunca sepa cómo deben ser las cosas. Cae hielo, es extraño, qué tiene que ver el suelo blanco conmigo, nada o tal vez mucho. No hay límites entre su existencia y la mía. Tal vez nos distingue la durabilidad, yo ya he existido más, dentro de unos minutos, el puto hielo será historia, eso sí, pobre historia que la memoria no se molestará en recordar demasiadas horas. Puede que se lo diga a mi madre esta noche cuando le llame, de algo tengo que hablar con ella, por qué no del granizo, da igual hablar de ese accidente que del libro que estoy leyendo. Es posible que tuviera que hablarle mejor de lo que leo, lo otro resulta demasiado trivial; ¿quién dice que lo trivial no es importante? Ella me cuenta sus pequeñas cotidianidades y yo le describo, maquinal, los eslabones de mi esquemática jornada.
La música que escucho paraliza mis dedos, es suave, triste, ensoñadora. Me describo con estas palabras: triste y soñador. Pero no soy suave, no creo que esa sea la característica principal que me define, si es que puedo describirme o definirme de alguna manera. Podría decirse que soy atronador, tormentoso, borde, irascible, irritable. En este momento estoy aturdido aunque no comprendo bien la naturaleza de este entumecimiento cerebral que me condena a permanecer estático y difuso. Noto la presión de la silla en el culo, me molesta, demasiadas horas sentado, inmóvil, sin esperar nada, solo estando, cubierto por una niebla emocional que me deja insensible. Digo que siento pero no siento, sí percibo, recibo información del cuero de la silla, pero lo que yo llamo sentir no se produce porque para eso hay que declararse vivo y admito la posibilidad de no estarlo. Cuántas divagaciones para describir una incongruencia. La música me gusta, experimento placer con ella, eso ya es una emoción. A lo mejor no es placer lo que experimento, sino distracción; no obstante, eso puede ser una forma de placer o de satisfacción, o como se le llame. Me distraigo, bueno, son palabras, dejo pasar el tiempo, cuento los minutos o los ignoro, no hay gran diferencia. El reloj sigue su curso, realiza su trabajo con precisión; mientras le dure la pila lo hará infatigablemente, liberado de todo atisbo de conciencia. Buen detalle, eso me distingue de él, yo poseo dolorosamente conciencia y no es bueno para la salud, más bien diría que es algo pésimo, desagradable, nefasto; el embrutecimiento produce una cierta libertad que no puedo obtener por otros medios. El alcohol es un buen camino y las drogas, o dormir, siempre y cuando las tres cosas sean factibles y no generen más problemas de los que pretenden solucionar. No pienso más que mierdas, elaboraciones mentales que no me llevan a ningún sitio y que no puedo detener, no puedo, no es que no quiera es que no sé cómo hacer que el cerebro deje de farfullar, de hablar enloquecido, como un demente encerrado en una celda a perpetuidad. La inconsciencia es deliciosa y la locura tal vez lo sea también, estar cuerdo es un pecado contra dios, porque dios está loco, tanto por crearnos como por crearse a sí mismo. A la historia le gustan los dioses, de todo tipo, ¡qué gilipollez!, yo no creo en dios ni en seres superiores, los humanos somos solo bestias que confeccionan y manipulan herramientas con efectos nefastos sobre otras especies, somos el peor de los depredadores, magnífico título honorífico, supone una gran responsabilidad representar a la mayor manada de cabrones que ha gestado el azar biológico.

Madrid, 19-04-2020

Bajar

sábado, 20 de julio de 2019

Escritos breves 2015-2016

Todos los textos que conforman este libro se publicaron originalmente en www.elviajerodeorion.blogspot.com, entre el 3 de enero de 2015 y el 26 de diciembre de 2016.

Mendigos y orgullosos

Esta obra es una adaptación teatral de Mendigos y orgullosos (1954) de Albert Cossery. El autor nació en 1913 en la ciudad de El Cairo, su fallecimiento se produjo 94 años después, en 2008, en París. A pesar de su origen egipcio se le considera un autor francófono pues toda su obra la escribió en francés, su segunda patria, si es que alguna vez tuvo alguna, cosa que dudo.
Su madre era analfabeta, su padre un indolente irredento, que vivía de las rentas, y que dedicaba casi todo su tiempo a leer el periódico. Según el propio Cossery, la actitud ante la vida de su padre le deslumbró hasta el punto de marcar su posterior creación literaria. Se fascinó con la idea de vivir sin hacer nada, algo que más tarde enmarcó en un discurso transgresor anti sistema, como veremos en Mendigos y orgullosos. A pesar de su larga vida su obra no es extensa dado que le dedicaba poco tiempo a escribir, dentro de un plan vital preestablecido basado en una pereza radical. Su infancia y adolescencia se desarrolló en El Cairo; a los diecisiete años viajó a París, y quedó prendado de la ciudad, no obstante todavía no había llegado su momento de instalarse en ella. Tendrían que pasar quince años y recorrer medio mundo, antes que la capital de Francia se convirtiera en su lugar de residencia, en concreto en la habitación de un modesto hotel, La Louisiane, en Saint-Germain-des-Près, en la que viviría el resto de sus días; al final tenía nevera y televisor, artilugios de los que siempre prescindió.
«Nunca he poseído nada. ¿Para qué? Me basta mi habitación de hotel.»
Hasta el año 1945 estuvo trabajando en la marina mercante. 
Cossery era un individuo que no quería poseer nada material porque ello suponía un esfuerzo que no estaba dispuesto a realizar. Esa forma de concebir la existencia le llevó a escribir con lentitud, sin prisas. En París se codeó con la crèm de la crèm de la intelectualidad que en ese tiempo transitaba por los cafés de artistas y escritores: Camus, Durrell, Miller, Genet o Boris Vian fueron algunos de sus grandes amigos. No pensemos que Albert Cossery era una especie de monje, su vida era sencilla, pero su experiencia vital intensa. Le gustaba salir a la calle y recorrer los bulevares parisinos bien acicalado, y gozar de la belleza en cualquier rincón donde esta pudiera manifestarse. 
  Sus obras más importantes son: Los hombres olvidados de Dios (1940), una colección de relatos que se publicaron originalmente en El Cairo en revistas literarias francófonas. Unos años después se editaría en EEUU en formato libro gracias al gran amigo de Cossery —el amigo americano—, Henry Miller. La casa de la muerte segura (1947) se publicó en Egipto con anterioridad, en 1942, y en ella se encuentran ya los temas que se van a repetir en todas sus obras: pobreza, mendicidad y la tensión entre los ricos y los desposeídos. 
En 1948 aparece Los holgazanes en el valle fecundo, novela en la que ya introduce la cuestión —para él vital— de la pereza como forma de vida, que luego desarrollaría ampliamente en su siguiente novela. Mendiants et orgeuilleux (Mendigos y orgullosos) fue publicada en 1955 pero con el tiempo fue olvidada hasta que en los años noventa se hizo una película y un cómic sobre ella, entonces sí que el nombre de Cossery trascendió en los suplementos literarios de los grandes periódicos, y fue reconocido en su justa medida. Le seguirían La violencia y la burla (1964), Un complot de saltimbanquis (1975), Una ambición en el desierto (1984) y Los colores de la infamia (1999). Todas estas obras mantendrían las mismas coordenadas que las anteriores, con una crítica severa a la acumulación de riqueza y una visión positiva del submundo que existe debajo de la alfombra del capitalismo. 
Las historias que nos cuenta Cossery en sus escritos se desarrollan en El Cairo. Los entresijos de esa urbe ancestral y mágica le interesaban por encima de todo. 
«Soy de cultura egipcia y lengua francesa, con un mundo egipcio. Pienso en árabe.»
Su universo literario quizá nos parezca deleznable, alejado de la pulcritud de nuestras ciudades occidentales, sobre todo en las zonas burguesas de las mismas. Sitúa a sus personajes en un ambiente paupérrimo, mísero, sucio, rebosante de una humanidad que nos es ajena. Cada uno de los escenarios de Cossery genera una contradicción visible sobre el mundo capitalista consumista, despiadado con aquellas personas que entran a formar parte de la «máquina». Como se ve claramente en Mendigos y orgullosos, los personajes rozan la heroicidad desde un estoicismo descarnado, sin pretensiones, sin trascendencia alguna, son libres, piensan por sí mismos. No temen porque nada pueden quitarles. Son como son, ni mejores ni peores que el resto de las personas que coexisten con ellas en otros barrios. Ellos y ellas han elegido vivir así para ser autónomos. Los desposeídos de Cossery subsisten en una anarquía bien entendida: sin gobierno, sin dinero, sin propiedad privada, su pobreza es su elección; no desean nada, quizá una buena tertulia, algo de amor, un café, poco más; cultivan la pereza como expresión máxima de su humanidad y la comunican con mucho humor. 
«Ninguno describe de manera tan desgarradora ni tan implacable la existencia de las masas humanas hundidas. Cossery alcanza abismos de desesperación, de envilecimiento y de resignación que ni Gorki ni Dostoievski supieron captar…» (Henry Miller)
En 1990 Albert Cossery recibió el «Grang Prix de Francophonie» como un reconocimiento a la totalidad de su obra literaria. 
En Mendigos y orgullosos, el personaje central es Gohar. En absoluto es un líder, ni un filósofo, ni tan siquiera un Maestro, como le llama su amigo Yeghen. Él solo está. Duerme en una casa ruinosa sobre un montón de periódicos viejos. En su habitación no hay nada de valor, la miseria para él no tiene significado, podría decirse que la encuentra hermosa. 
«La miseria bullente que le rodeaba no tenía nada de trágico; parecía adivinar en ella una misteriosa opulencia, los tesoros de una riqueza inaudita e insospechada. Una prodigiosa despreocupación parecía presidir los destinos de esa muchedumbre. Todas las abyecciones revestían allí un carácter inocente y puro. Gohar se sentía henchido de una simpatía universal; la futilidad de esa miseria se le aparecía a cada paso, y le encantaba.»
Solo tiene un punto débil que a la vez es un punto fuerte: adora el hachís, depende del hachís. Pero esa dependencia es deseada, la ha elegido. Se siente mejor chupando una bolita de hachís; así contempla la existencia en toda su magnificencia y se le aclara el pensamiento, eso dice. Él y sus compañeros de vagabundeo mendigan o toman lo que necesitan allá donde lo encuentran, que no es mucho. Para Gohar conceptos como dignidad o indignidad carecen de sentido, son distintas formas de vivir.
«El hecho de mendigar parecía un trabajo como cualquier otro; por lo demás, el único trabajo razonable.»
Ni que decir tiene que Gohar no cree ni en un Estado protector, ni en un gobierno que gestione dicho Estado, ni en ninguna forma de representación y mucho menos en los partidos políticos. 
«Pues bien, ocurrió hace algún tiempo en un pueblecito del Bajo Egipto, durante las elecciones a alcalde. Cuando los empleados del gobierno abrieron las urnas, se dieron cuenta de que la mayoría de los votos tenían el nombre de Bargut. Los empleados del gobierno no conocían aquel nombre; no estaba en la lista de ningún partido. Espantados, acudieron a la oficina de información y cuál no sería su asombro al enterarse de que Bargut era el nombre de un asno, muy considerado en todo el pueblo por su sabiduría. Casi todos los habitantes habían votado por él.»
Gohar se identifica plenamente con este cuento, se regocija en la sabiduría que contiene. Hay que decir que él fue en el pasado profesor de historia y literatura en la mayor universidad del país. De vez en cuando visita el burdel de Set Amina para escribir cartas a las prostitutas —y ganar de paso algo de dinero—, entre ellas a la sensual y joven Arnaba; en uno de esos encuentros ocurrirá un suceso funesto para todo el grupo de amigos y menos amigos que se mueven alrededor del burdel. 
Al Kordi es otro personaje que se codea con Gohar, al que denomina Maestro con el máximo respeto y no como un eufemismo. Le busca, le escucha, le cuenta sus penurias económicas a pesar de estar educado y trabajar de funcionario, puesto en el que reconoce no hacer nada, más bien al contrario, boicotea todo lo que puede la labor de sus compañeros. Asiduamente, visita el prostíbulo en el que se enamora de la bella Naila, enferma de tuberculosis, a la que quiere redimir y salvar la vida. Al Kordi tiene ideales, pretende hacer una revolución en el país. Siempre está penando: por su falta de dinero, por su amor frustrado o por los males del mundo, y se pregunta si existe en verdad la alegría o esta es una cualidad de la que solo pueden gozar los ricos. 
Yeghen es otro miembro selecto del entorno de Gohar, ni más ni menos que su suministrador de hachís. Vive en cualquier sitio, también con su madre a la que saca dinero en cuanto puede; es un asiduo del burdel: 
«Ella parecía querer, al realizar aquella humillada tarea, acreditar el mito de una pobreza respetable. ¡Qué estafa! (Sobre su madre.)»
Se considera un individuo libre, nada teme, nada posee.
En este grupo insólito irrumpe el oficial de policía Nur Al Din con la intención de investigar un crimen. Su actitud es la propia de una persona que se siente omnipotente e intocable, con poder suficiente como para arruinarles la vida a cualquiera si así lo desea. A pesar de su fortaleza, el policía tiene sus debilidades, representa la autoridad del Estado, el orden, pero en contacto con la miseria más abyecta es consciente de que en ese submundo «un agente de la autoridad no tenía ninguna posibilidad de hacerse respetar». 
«En ellos no había ni rencor ni hostilidad, sencillamente un desprecio silencioso, un enorme desdén hacia el poder que representaba. Se hubiera dicho que ignoraban que existía un gobierno, una policía y una civilización mecanizada y progresista.»
Al Kordi quiere cambiar la sociedad, Nur Al Din que le obedezcan, que se respete la autoridad a la que representa y defiende; Gohar solo desea que le dejen en paz.
«—¿Para qué necesitas tanto dinero? (Pregunta Gohar a Al Kordi.)
—No es para mí, Maestro. Yo puedo vivir pobremente. Pero Naila está enferma y quiero sacarla de este maldito lugar. También están todos los demás.
—¿Quiénes son los demás? ¿Tienes que mantener una familia?
—No, no tengo familia. Pero pienso en este pueblo oprimido y miserable. Maestro, no lo entiendo. ¿Cómo puedes permanecer insensible a la acción de esos cerdos que abusan del pueblo? ¿Cómo puedes negar la opresión?
Gohar elevó la voz para responder.
—Yo nunca he negado la existencia de los cerdos, hijo mío.
—Pero los aceptas. No haces nada para combatirlos.
—Mi silencio no es una aceptación. Yo los combato más eficazmente que tú.
—¿De qué manera?
—Con la no cooperación —dijo Gohar—. Me niego simplemente a cooperar en esa inmensa farsa.»
La reflexión de la novela de Cossery no deja respiro, enfrenta a quien se introduce en sus páginas a un continuo desafío en el que lo obvio de las sociedades occidentales de la opulencia queda en entre dicho, sobre todo porque la riqueza no se reparte con equidad, sino todo lo contrario, y, al final, los valores con que nos socializan entran en contradicción desde el mismo momento en que son expuestos: ¿trabajar para qué?, ¿endeudarse para poseer bienes materiales?, ¿educar a nuestros hijos en ideologías alienantes? Que cada persona responda como pueda a estas preguntas y otras muchas que la surgirán durante la lectura del libro.

Edward Martin

lunes, 18 de febrero de 2019

Apocalipsis

¿Cómo actuaríamos en una sociedad en descomposición en la que las clases privilegiadas se hubieran organizado de una manera medieval? ¿Cómo nos enfrentaríamos ante el hecho del crimen generalizado y la muerte de los valores que han sustentado la sociedad moderna que conocemos? ¿Cuál sería nuestro sentir, sobre nosotros mismos y los demás, si ya no tuviéramos esperanza en un mundo mejor? ¿Podríamos mantenernos vivos solo con algo de comida y un irrefrenable anhelo de venganza?

lunes, 14 de enero de 2019

La fragilidad de existir

"Tratar de escribir la historia de un viaje es como intentar narrar minuto a minuto una relación apasionada: difícil, quimérico, un reto inalcanzable. Cualquier descripción, por precisa que sea, jamás logrará aproximarse a la auténtica naturaleza del suceso. Reflejar en un texto sensaciones, sentimientos, reflexiones, dolor y alegría, todo ello ordenado cronológicamente, es un esfuerzo sobresaliente en el que me aventuro porque no quiero olvidar.
No sé qué puede surgir de esta narración pero en cualquier caso será una aportación parcial, a lo que ha vivido individualmente la suma de los protagonistas.
Voy a empezar por presentarme. Me llamo Modesto, mis apellidos no son significativos. Al nacer ni tan siquiera tenemos nombre por lo que poco pueden interesar los apellidos de mis padres, que a pesar de ser respetables nada dicen de lo que represento yo como ser humano; por eso con Modesto es suficiente.
Además de ser conocido por ese nombre entre mis amigos, familiares y compañeros de trabajo, tengo que descubrir algunos datos más sobre la persona que soy, sin desnudarme del todo; cuando uno cuenta su historia siempre miente. El pudor exige que me contenga aunque las hojas en blanco me inviten a saltarme la frontera de lo políticamente correcto. Sí, voy a decir que estoy casado con la mejor compañera que se puede tener. De nuestro matrimonio han nacido dos hijos a los que quiero y con los que comparto menos tiempo e intimidad de lo que deseara. Mi documento nacional de identidad indica que tengo cuarenta y cinco años. Esa cifra solo se refiere a mi edad biológica porque hace mucho decidí detener mí tiempo psicológico en los veintiuno: un período de mi vida que me gustó y en el que vivo desde esa fecha; lo que me supone algún que otro problema de adaptación que solvento del mejor modo posible. Dicho de otra forma: tengo veintiún años mentales. La edad de mi cuerpo es otra, naturalmente. No me avergüenzo de ella. Estoy físicamente bien; hay días que hasta me encuentro atractivo, pero odio envejecer. Es innecesario que nadie me diga que tal emoción es una estupidez, lo sé; cada uno tiene sus peculiaridades. Yo quiero ser como Dorian Gray: eternamente joven. Por ello me molesta que mi querida compañera me diga que la mayoría de mis amigos parecen más juveniles que yo, entre ellos incluyo a Miguel que tiene más años. El comentario me es indigerible —pura vanidad por mi parte—; sin embargo escucharlo me enerva. A pesar de que se lo recrimino con acritud, mi amada esposa se mofa y juega con su juicio temerario, es decir, lo menciona a la menor oportunidad que tiene con una nueva comparación, para mí siempre odiosa y despectiva.
No es mucho lo que he contado. Un observador neutral obtendría de la descripción que he hecho la imagen de que soy un hombre de edad mediana, felizmente casado, con dos hijos, un oficio indeterminado y que me jacto de haberme quedado mentalmente congelado en los veintiún años. A lo que podría añadir, deduciéndolo de la forma en que hablo, que parezco un individuo común, con sentido del humor, algo cínico, y con una pose excéntrica que unas veces roza la idiotez y otras la genialidad. Ni una cosa ni otra, me manifiesto como puedo y como me dejan.
Tras estos prolegómenos imprescindibles para que el lector tenga un mínimo conocimiento del narrador, he de matizar que lo que cuento está construido en base a recuerdos, anotaciones, fotografías y material impreso que Miguel y yo acumulamos durante el viaje, y que al final pusimos en común [...]"

Edward Martin


lunes, 10 de diciembre de 2018

El sueño de Iris

"Actualmente puedo recordarlo todo con serenidad. Algo se ha transformado en mi interior produciéndome una sensación liberadora. Es como si estuviera ebria, bajo los efectos de una bebida exótica que me redimiera de mi pesada carga. En este estado de sorprendente claridad me es posible contemplar mi pasado, escena a escena, y rememorarlo con una ternura especial pero también con un escalofrío doloroso. Soy consciente de lo que he sufrido y de lo que he perdido por el sinuoso camino de mi vida. Incluso puedo imaginar lo que ha transitado, silenciosamente, por el pensamiento de todos los que han estado a mi lado proporcionándome socorro para lograr una curación cuando parecía que ya no había esperanza. Tengo presente su dolor, su desaliento, angustia y frustración ante mis continuas recaídas. Por eso ocupan un lugar excepcional en mi memoria.
Quizá cuando sea una anciana sin nada que esperar de la existencia, salvo la muerte, la sensación de paz se asemeje a lo que siento ahora pero con una diferencia: todavía no he llegado al ocaso de mi vida, soy joven y tengo mucho que experimentar.
Las imágenes en las que me sumerjo son tan intensas que me aturden; las veo tan próximas que parecen tomar forma y materializarse en el aire delante de mis ojos. Mi vida ha sido tal y como la describo. Esta es mi historia."

Edward Martin

miércoles, 3 de octubre de 2018

El dios de Avalon

En un mundo terrible muy cercano al de hoy día, los países desarrollados encuentran la fórmula perfecta para acabar con los movimientos de población descontrolados, el CIP (Cuerpo de Intervención en Plagas), ejército dedicado a exterminar a todas aquellas personas que se encuentren en el lugar inadecuado (zonas de seguridad) sin un identificador freedom, un chip que la población de las naciones asociadas a la OTDM (Organización del Tratado de Defensa Mutua) deben llevar incorporado en su cuerpo desde el momento del nacimiento. La novela cuenta la historia de un soldado perteneciente al CIP que debido a diversas circunstancias personales comienza a desestabilizarse.
"El hombre les miraba aterrorizado, lloraba, suplicaba, se tapaba la cara con las manos. Su origen debía ser árabe pero hablaba algo de español y de inglés. Los que estaban más cerca de él le entendieron. Para formar parte activa del CIP había que manejar con soltura el inglés; aunque la tropa hablaba una jerga en la que se mezclaban palabras en español, inglés, alemán, ruso, francés e italiano."
El protagonista es una máquina incrustada en un cuerpo que antes fue humano y que todavía, en su edad madura, sigue teniendo atisbos de lo que de niño fue, con lo que ello implica de posibles debilidades y miedos arrastrados. Nadie es una isla ni puede vivir aislado sin pagar un alto precio. Frank Halley, a pesar de su férreo entrenamiento militar, se encuentra inmerso en una vorágine de pensamientos y sentimientos contradictorios que le empujan a hundirse, más si cabe, en el sumidero de su tiempo.
"El punto de partida de esta investigación se centra en la actuación pasiva que realizaron los miembros de la U-60 ante un objetivo NC infantil. Si bien no existió desobediencia, la responsable de la unidad pudo observar una disminución de la espontaneidad y una clara negligencia a la hora de concluir la misión. La capitana Anna Sharpe resolvió la situación según los criterios establecidos para escenarios similares, llevó a cabo ella misma la eliminación del objetivo en absoluta privacidad, previno con ello un hipotético enfrentamiento con el resto de la unidad. Existen informes individualizados, como este, de cada uno de los componentes de la U-60 que se han remitido al mando operativo por el conducto reglamentario de urgencia."
Edward Martin 

Portada
Libro
Texto

jueves, 21 de junio de 2018

El circo de los necios

Esta es la tercera recopilación de poemas Edward Martin. La primera apareció en el año 2011 bajo el título El viajero de Orión, contenía poemas escritos entre los años 1974 y 2009. La segunda recopilación se editó en 2017 bajo el título La segunda Transición con poemas de los años 2015, 2016 y 2017. El circo de los necios contiene poemas de los años 2017 y 2018.

Durante un largo diálogo con el autor, registré cómo se gestó esta colección de poemas, en qué contexto los elaboró, cuál fue su fuente de inspiración. Generalmente, cuando leemos poemas sabemos poco sobre ellos. Tal vez ahí reside la gracia de su lectura, en que cada persona que los lee pone aspectos de sí misma en su interpretación. Aquellos que los estudian tiempo después tienen, necesariamente, que indagar en la biografía del poeta para hipotetizar un esbozo sobre la génesis de sus creaciones. En este caso, esa investigación no va a ser necesaria porque sabemos por boca de quien los ha escrito cómo tomaron forma en el papel.

El título de la recopilación procede precisamente del primer poema de la misma, El circo de los necios. Este poema se compone de cuatro partes. La primera está dedicada al Capital, la segunda al Político profesional, la tercera al representante de una religión (da igual la que sea) y la cuarta corresponde a esa mayoría informe, acrítica, seguidista, a la que todo le vale (el autor los llama los necios y las necias); no existe por parte del autor una voluntad de ofender al utilizar la palabra necio, sino de definir: «Que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.» RAE.

Historia de un padre surge de una rememoración que el autor hace de su propio padre, sin reconocerlo ni citarlo, en el inmediato aniversario de su muerte.

¡Olé! Que los quiero vivos es un canto de inspiración lorquiana, triste, agónico, que se mofa de la idiosincrasia del pueblo español en su faceta folclórica, deprimente y grotesca, en un contexto de muerte como fue el de los atentados de Barcelona del verano de 2017.

Un hombre común está inspirado en una conversación que el autor mantuvo con un empleado de un Banco que hacía su trabajo, sin cuestionarse los entresijos de la organización para la que trabajaba ni las consecuencias del mismo, sobre muchos hombres y mujeres obligados a acogerse a su falso paraguas protector. Él hombre común solo hace su trabajo, no se cuestiona nada, hace lo que los demás, lo que le mandan, lo que haría cualquiera en su puesto. En el poema hay reminiscencias a Adolf Eichmann que al ser juzgado en Jerusalén en 1961 por sus crímenes durante el III Reich se manifestó de una manera semejante, según recogió de manera magnífica Anna Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén (1966). La fórmula de Eichmann para justificar sus crímenes es la repetida hasta la saciedad por todas aquellas personas que obedecen órdenes sin anteponer un juicio crítico moral fundamentado en valores universales de solidaridad y apoyo mutuo.

El siguiente poema, La mirada, surge de la relación terrible entre una mirada sensual, voluptuosa, llena de vida, que busca fusión y sumergirse en el simple gozo de existir, y un ser atormentado perdido en un universo negro, construido con un pasado inalcanzable caracterizado por lo que pudo ser y no fue. En el pozo en el que vive ese ser doliente, la mirada sensual se agosta sin comprender la agonía de él.

Los terribles incendios de Galicia de octubre de 2017 inspiran Silencio negro. En él se expresa frustración, ira y sentimientos de venganza.

Frío es el fruto de un paseo lleno de extrañezas por un paisaje urbano desangelado en el que no hay rostros cálidos ni expresiones amigas, ni familiaridad, solo desesperanza y soledad.

A partir de varios comentarios de personas allegadas al autor sobre la tristeza y negatividad de los poemas anteriores, que este les ha leído, de madrugada, insomne, intenta representarse la alegría: Alegría.

El viajero tiene evocaciones de un poema escrito en el año 2009, en un momento crítico de la vida del autor. Nace en una noche melancólica, ocho años después, en la que el pasado se representa en su memoria con un aspecto más hermoso de lo que en realidad le corresponde. Desde esa rememoración surge una vivencia que provoca un cansancio físico y mental demoledor, significativo desde el hastío acumulado.

Solidaridad fue escrito una noche en la que una compañera enferma era asistida por otras compañeras y compañeros, con una alegría especial derivada de la idea de estar cumpliendo una misión importante que servía de ayuda a la persona afectada pero que también hacía más fuerte al grupo. La solidaridad es un acto revolucionario en sí mismo, que cuando menos transforma las conciencias y hace más fácil el camino por recorrer al ser arrojados al mundo.

Noche blanca nació una madrugada de noviembre en la que las horas se hacían interminables en la habitación de un hospital, al lado de una persona muy próxima que se recuperaba de una intervención quirúrgica.

Mientras la ciudad duerme crece del desaliento del autor ante las noticias que se publicaban en ese momento en los medios de comunicación sobre el encarecimiento de los alquileres y de las necesidades básicas: energía, agua o alimentación; todo ello entremezclado con el esperpento de la fiesta del consumo, en ese parque temático en el que se han convertido el centro de las grandes ciudades del país.

Entre los vivos y los muertos representa escenas del declive inexorable de un compañero querido del autor, Justo (alias Sergisfredo), enfrentado a su último viaje hacia la tierra. Se compone de cinco partes que expresan a su vez cinco escenas diferentes que el autor vive al lado de su amigo.

La hora es un poema fatal en el sentido en que el autor presiente su propia muerte, escenificada en la sala de un hospital, teniendo como protagonista al amigo que agoniza.

Por último, Deconstrucción es un poema crudo, de despedida para el conjunto de poemas que le preceden. Es una negación y una afirmación. El circo debe desaparecer para que el nuevo mundo aflore.
Maimouna León

Bajar libro

miércoles, 21 de marzo de 2018

El viajero de Orión

El viajero de Orión es una recopilación de poemas de Edward Martin escritos a lo largo de gran parte de su vida. El primero de ellos está fechado en 1974 y el último en el 2009. Después ha escrito más pero esa es otra historia.

Como es bien sabido Edward Martin, de profesión farero en excedencia, es un estudioso de almas errantes, un perenne aprendiz de la existencia. Sus poemas expresan sorpresa en el amor, miedo, dolor, frustración, angustia ante la injusticia, rabia, ansias de venganza y, sobre todo, un anhelo profundo de ese todo que es la "utopía", siempre presente en el paso de lo años. Sus páginas son un diario de presencias insólitas y sangrantes, hermosas y terribles. Su mirada no cesa de hostigar un horizonte vivo para replegarse después sobre sí misma cuando el sufrimiento le grita "¡basta!"

Ha escrito, entre otras cosas: El sueño de Iris (2000), El dios de Avalon (2004), La trompeta sin sombra (2008), La fragilidad de existir (2010), El viajero de Orión (2011), El puente de plata (2014), Porca miseria (2014), Operación peineta (2015), Apuntes sobre el anarquismo español (2015), La segunda transición (2017)…

Bajar libro

martes, 26 de diciembre de 2017

La segunda transición

Casi siempre me pregunto por qué escribo, por qué me esfuerzo en dibujar en mis libretas trazos que forman palabras, que a su vez constituyen frases, así hasta culminar un texto que hace referencia a una ebullición emocional que se abre paso, abrupta, desde mis entrañas. Paul Auster en una ocasión respondió a esta pregunta, y dijo que su vida era más soportable si escribía. No son sus palabras exactas pero sí su significado. Pienso lo mismo.
La segunda Transición es eso, la expresión sanguinolenta de un malestar ante el estado de las cosas; sobre todo ante ese lavado de cara que la vieja clase política postfranquista y la nueva, los partidos emergentes a los que denomino aventureros o aprendices de brujo, quieren hacerle al Estado y a sus instituciones. La vieja clase política lo hace desde el discurso falaz que afirma que la corrupción sistémica es cosa del pasado, y que con la Constitución en la mano la gestión del presente y del futuro del país está asegurada, a la altura moral del resto de las democracias europeas. La nueva clase política no acepta esa afirmación pero sí defiende que se puede gobernar de otra manera, y que ellos son los elegidos para hacerlo. Se repite hasta la saciedad que es necesaria una segunda Transición, y yo digo que esta ya está aquí. Cuando la desconfianza en las instituciones postfranquistas era máxima, los aventureros llegaron para reforzarlas, a fin de cuentas, para dotarlas de valor.
Desde ese espectáculo ladino y mentiroso, mi repulsión aborda el lenguaje escrito para salvaguardar mi integridad psíquica, y vuelca sobre el papel el sentir oscuro y violento del observador incansable que soy.

Edward Martin

martes, 14 de marzo de 2017

Cuadernos del Sur

La segunda transición
Edward Martin
Marzo 2017

Si el hecho de existir ya es complicado por sí mismo en la sociedad actual, en los últimos diez años la situación ha sido más difícil, si cabe. Las vivencias políticas y de contestación social que hemos vivido han construido un panorama que se aproxima más a lo desolador y al retroceso, que a una auténtica resistencia, prólogo de una futura ofensiva transformadora. A pesar de ello, el sentir y construir libertario ha emprendido una marcha que se extiende como un reguero de pólvora por los territorios del Estado español y por muchas otras naciones. Esa eclosión nos llena de esperanza en estos momentos duros.

Las expresiones del "estado del malestar" son variadas, en todos los terrenos. Este poemario es una pequeña muestra de esa ebullición que llevamos dentro y que necesitamos tome forme en una realidad que queremos ver iluminada por nuestras ideas.

El título del poemario "La segunda transición" hace un paralelismo con esa otra "transición" que se vivió a mediados de los años 70 en la que el franquismo y el sistema capitalista se perpetuaron con el apoyo de socialdemócratas, comunistas del PCE y los sindicatos pactistas. Desde el año 2014 el régimen postfranquista y el sistema capitalista han vuelto a ser refrendados por las misma fuerzas que estuvieron en la "Primera transición" más los partidos socialdemócratas "emergentes". La historia se ha vuelto a repetir.

Las ilustraciones son del propio autor y transmiten visiones oscuras de unos momentos históricos en los que nubes oscuras se ciernen sobre la humanidad.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Operación Peineta

«El terrorismo anarquista se ha implantado en España y hay riesgo de atentados.» ABC, 12 junio 2014
«Once detenidos en una operación contra el “terrorismo anarquista”.» LA RAZÓN, 17 diciembre 2014
«El juez libera a los anarquistas de la Operación Pandora.»  EL PAÍS, 30 enero 2015
«Objetivo: la coronación de Felipe VI. Los anarquistas detenidos planearon lanzar un artefacto contra la comitiva real.» EL MUNDO, 31 marzo 2015
«Radiografía del anarcoterrorismo.» Patricia Ortega Dolz, EL PAÍS, 12 abril 2015
«Amplio operativo de los Mossos contra el “terrorismo anarquista” en Barcelona.» LA VANGUARDIA, 7 mayo 2015
«Ascienden a 15 los anarquistas detenidos e Interior dice que pretendían “sembrar el terror”.»
«La “Operación Piñata” se ha desarrollado en Madrid, Barcelona, Palencia y Granada. Se les acusa de sabotajes y colocación de artefactos explosivos.»
«Se trata de al menos tres mujeres y de 11 hombres. […] Del total de detenciones, nueve se han practicado en Madrid, tres en Barcelona y dos en Palencia, mientras se han registrado más de veinte inmuebles, entre ellos los principales centros sociales “anarcoinsurreccionalistas” de la capital.» EL MUNDO, 7 mayo 2015
«Objetivo típicamente terrorista»
¿Qué? ¿No te habías enterado, no? Los anarquistas detenidos el 30 de marzo de la denominada Operación Piñata pretendían atentar contra Felipe VI.
Una noticia digna de copar todas las portadas durante días y ahí se ha quedado, en la página 12 de la sección nacional de El Mundo y como un punto más en el supuesto historial de los detenidos en la nota distribuida por la agencia EFE que han difundido numerosos medios. ¿Por qué este silencio? ¿Qué nos quieren ocultar? Leyendo la noticia firmada por Ángeles Escrivá en El Mundo con el titular reproducido al principio de este artículo hemos llegado a una rápida conclusión: esta movida no se la creen ni ellos mismos.
«Pero sin duda, el episodio más llamativo lo constituye un encuentro para realizar una especie de pre planificación para el lanzamiento de un artefacto incendiario contra la comitiva de don Felipe y doña Leticia el día de su coronación, para “deslucir” y, como consecuencia, intentar desestabilizar los actos. Aunque la historia no pasase, al final, de una conversación.»
Un objetivo tan típicamente terrorista como «deslucir», que viene entrecomillado porque a la periodista o se le ha ido la mano con el cortapega del informe policial o le han pasado algún tipo de grabación, y una «especie de preplanificación» (!) que se queda en «una conversación». Que al final nada pero que bueno, como titular está bastante guapo así que va, adelante.
«Según las fuentes policiales consultadas, varios de los detenidos se reunieron en Madrid, coincidieron en los efectos perjudiciales del sistema monárquico, y llegaron a la conclusión de que cualquier acción, por pequeña que fuera, contra la avalancha institucional que se estaba preparando, tendría sus efectos.»
Un grupo de anarquistas se reúnen para llegar a la conclusión de que la monarquía no les gusta y deciden hacer cosas, aunque sean pequeñas, al respecto. ¿En serio? Cuéntame más…
Parece que finalmente la acción para «deslucir», por pequeña que fuera, era ni más ni menos que lanzar un artefacto incendiario, no sabemos qué artefacto ni a dónde o a qué iba a ser lanzado. J. Garín, DIAGONAL, 16 abril 2015
«Amplio operativo de los Mossos contra el “terrorismo anarquista” en Barcelona.» LA VANGUARDIA 7/05/2015
«Once detenidos en una operación contra el “terrorismo anarquista”.» LA RAZÓN, 17/12/2014
«El terrorismo anarquista se ha implantado en España y hay riesgo de atentados.» ABC, 12/06/2014
«El juez libera a los anarquistas de la Operación Pandora.» EL PAÍS, 30/01/2015
«Radiografía del anarcoterrorismo.» EL PAÍS, Patricia Ortega Dolz, 12/04/2015
Los titulares de los periódicos que abren esta introducción, enmarcan el contexto histórico en que se desarrollan los cinco actos cuadros de esta obra. La pretensión del autor es básicamente pedagógica y agitativa, impulsora de la reflexión y de la acción como antídoto a la sumisión y al silencio cómplice. La idea que subyace en la obra es la de inducir al resistente a una dinámica de constante movimiento que solo se detiene, temporalmente, cuando sea necesario decidir un cambio de estrategia. La vida es movimiento, es acción, lo contrario supone la extinción.

El texto presenta pinturas posibles en una exposición de acontecimientos reales que han sucedido no hace mucho en España y que se vienen repitiendo con diversas escenificaciones represivas desde tiempo inmemorial. NNo resulta novedoso afirmar que el monopolio de la violencia se encuentra del lado del Estado, y que esa violencia la utiliza a su antojo para defender y mantener los privilegios de aquellos que necesitan de su existencia para vertebrar las relaciones de opresión. [...]

Edward Martin


viernes, 2 de enero de 2015

Apuntes sobre el anarquismo español

A la hora de analizar el movimiento anarquista español tenemos que considerar que a partir de un cierto momento histórico se le ha asimilado de una manera errónea con el anarcosindicalismo, sobre todo desde 1910, fecha en la que se fundó la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). En realidad, el anarcosindicalismo es la aplicación práctica en el terreno laboral de algunas de las ideas anarquistas.
Desde que la clase trabajadora empieza a organizarse de una manera masiva, las reivindicaciones laborales quedan en manos de los sindicatos y las reivindicaciones políticas en las de los partidos. La CNT cambia esta división de roles. Desde su fundación, la CNT se ha definido como una organización integral, que no solo pretende mejorar la calidad de vida de los asalariados sino, también, transformar la sociedad. Es decir, la fuerza revolucionaria de las masas trabajadoras no necesita partidos que sustituyan su capacidad de decisión.
«La CNT no entra en la lucha por el poder político, sino que propone la reorganización de la sociedad desde abajo, desde la periferia, ofreciendo a todos la posibilidad de participar directamente en las funciones del autogobierno de cada uno de los sectores que componen la realidad social.»
Si bien todos los anarquistas no participaban ni participan en la CNT, antes de la Guerra Civil Española sí lo hacía la mayoría. Es el contexto histórico y la acción de sus militantes, lo que va a definir diferentes estrategias. Se podría decir, que los anarquistas han utilizado a la CNT como medio para difundir sus ideas y mantener una línea de lucha eminentemente revolucionaria.
Por supuesto, las formaciones anarquistas siempre han sido más variadas, innovadoras y plurales que el propio anarcosindicalismo, más centrado en las reivindicaciones del mundo del trabajo.
Kropotkin define así su concepción del anarquismo:
«Anarquismo (del griego an, y arke, contrario a la autoridad), es el nombre que se da a un principio o teoría de la vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene la armo­nía, no por sometimiento a ley, ni obediencia a autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de un ser civilizado. […] En una sociedad desarrollada sobre estas directrices se llegaría a substituir al Estado en todas sus funciones. […] Representarían una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y de federaciones de todos los tamaños y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes, para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios, educación, protección mutua, defensa del territorio, etcétera; y, por otra parte, para la satisfacción de un número creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y de relación social.»
Definición de anarcosindicalismo por Germinal Esgleas:
«EL anarcosindicalismo es un medio de organización y un método de lucha y de acción directa de los trabajadores que tiene sus raíces en los postulados de la Primera Internacional y en los del sindicalismo revolucionario. Se inspira en fuentes esencialmente fede­ralistas y anarquistas y, con neta actuación revolucionaria y clara orientación libertaria en la práctica. Tiende constantemente a conquistar las máximas mejoras en todos los sentidos para la clase obrera, con miras a su integral emancipación, la supresión de todo genero de explotación y de opresión del hombre por su semejante o por una institución cualquiera; al mismo tiempo lucha por la abolición de todo capitalismo y de toda forma de Estado. Opuesto irreductiblemente a los sistemas sociales y políticos actualmente imperantes, propugna la transformación radical de las sociedades y regímenes en ellos asentados, y la instauración de un medio social de convivencia humana basado en los principios del socialismo libertario.»
«El anarcosindicalismo no es una doctrina ni una filosofía. Su contenido teórico lo extrae del socialismo humanista y principalmente del anarquismo, en cuyos postulados de defensa integral de la personalidad humana, de la libertad, de la solidaridad, del apoyo mutuo y de la asociación voluntaria y federativa, halla su mas sólido fundamento.»
Edward Martin