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lunes, 17 de octubre de 2016

Anarquismo y sexualidad

Tradicionalmente la sexualidad se ha concebido como un ámbito de la experiencia humana situado al margen del discurso, y concretamente, al margen del discurso político, al ser entendida como una pulsión o instinto natural (1). Sin embargo, lejos de estar inscrita en la naturaleza, la sexualidad se construye discursivamente (2) y desempeña un papel esencial en la conformación de un determinado orden social. De esta forma es regulada de distintos modos en los distintos sistemas sociales, que propician, favorecen e institucionalizan determinadas formas de expresión sexual al tiempo que actúan de forma coercitiva o directamente prohibitiva con respecto a otras que se consideran potencialmente peligrosas y desestabilizadoras del orden social.
Sexualidad y reproducción son reguladas socialmente, al tiempo que las modificaciones y transformaciones en los discursos y las prácticas sexuales constituyen un aspecto trascendental, y no marginal, en los procesos históricos.
Es por ello que la sexualidad debe ser historizada, es decir, analizada y contemplada desde una perspectiva histórica y sociocultural. Como construcción sociocultural e histórica, la sexualidad no se encuentra aislada del ámbito político, sino que constituye en sí misma una cuestión política, siendo el sistema sexual parte esencial del sistema social. Desde esta perspectiva es especialmente interesante el análisis del discurso anarquista con respecto a la sexualidad. Esto es así por dos razones fundamentalmente: en primer lugar, el anarquismo conectó abiertamente las esferas política y sexual, al considerar que el proceso de cambio social debía darse de forma paralela en el ámbito personal y en el político; en segundo lugar, en consecuencia, puso en circulación discursos alternativos y contra-hegemónicos con respecto a los discursos dominantes sobre la sexualidad, de forma coherente con su concepción de lo que debía ser una organización social antiautoritaria. [...]

Helena Andrés


Folleto
Portada folleto

viernes, 30 de mayo de 2014

Camaradería amorosa

Consideraciones sobre la idea de libertad

Antes de exponer el punto de vista individualista anárquico frente a la cuestión «sexual», es necesario ponerse de acuerdo sobre la expresión «libertad». Se sabe que la libertad no podría ser un fin, ya que no hay libertad absoluta; como tampoco hay verdad general, prácticamente hablando. No existen sino libertades particulares, individuales. No es posible escapar a ciertas contingencias. No se puede ser libre, por ejemplo, de no respirar, de no asimilar y desasimilar... La Libertad, como la Verdad, la Pureza, la Bondad, la Igualdad, no es más que una abstracción. Y una abstracción no puede ser un objetivo. Considerada, al contrario, desde un punto de vista particular, dejando de ser una abstracción, tornándose una vía, un medio, la libertad se comprende. En este sentido, se reclama la libertad de pensar, es decir, de poder, sin ningún obstáculo exterior, expresar de palabra o por escrito los pensamientos de la forma que se presentan ante el espíritu.

Es precisamente porque solo existen las libertades particulares por lo que podemos, saliendo del dominio de lo abstracto, colocarnos sobre un terreno sólido y afirmar que «nuestras necesidades y nuestros deseos» —mejor que «nuestros derechos», expresión abstracta y arbitraria—, han sido rechazados, mutilados o encubiertos por autoridades de diversos órdenes.

Vida intelectual, vida artística, vida económica, vida sexual: los individualistas reclaman para ellas la libertad de manifestarse plenamente, según los individuos, a tenor de su libertad, fuera de las concepciones legalistas y de los prejuicios de orden religioso o civil. Reclaman para ellas, consideradas como inmensos ríos por donde se vierte la actividad humana, que puedan resbalar sin ningún obstáculo; sin que las esclusas del moralismo y el tradicionalismo atormenten o enloden su caudal. Mejor aún, sin que perturben las libertades con sus errores impetuosos, con sus nerviosos sobresaltos, con sus impulsivos retrocesos. Entre la vida al aire libre y la vida de bodega, elegimos la vida al aire libre.

Emile Armand