Mostrando entradas con la etiqueta Peña César. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Peña César. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de junio de 2017

La venus del espejo

Hace un calor atroz en la calle, sin embargo ella tiene el frío metido en el tuétano de los huesos. Camina con la mirada perdida, absorta en pensamientos que la inquietan. Su andar es discreto, casi invisible. Se mira en el reflejo del vagón del tren y agacha la cabeza, lo que ha visto no le gusta. Luego, mira hacia un grupo de chicas risueñas y de apariencia feliz y su mirada vuelve a desmayarse hacia el suelo.
Dicen que el tiempo todo lo cura, pero sus heridas permanecen abiertas, su cuerpo le duele, magullado por tanto sufrimiento. Continúa su camino, dura, fuerte, con coraje, pero cuando se queda sola y se enfrenta a sí misma, el dolor la vence. Entonces busca una salida por la que escapar y lo que encuentra es aún peor.
Ella es Venus. Venus es esa mujer a la que una gran mayoría de los que la conocen ve excesivamente soñadora, enormemente utópica, colosalmente romántica, monstruosamente inquieta, garrafalmente reivindicativa, fenomenalmente confiada, patéticamente sensible, extraordinariamente dura consigo misma y maravillosamente distinta, diferente.
Venus se encuentra atrapada en un cuerpo que ve monstruoso, maldice esa visión en el espejo, su forma de andar y hasta el último de sus gestos. Detesta cada pedazo de su ser que la representa; imagina que podría ser mejor de lo que es. Es evidente que le gustaría convertirse en otra persona, quizá más fría, tal vez más distante, posiblemente menos implicada con los demás. Venus es contradictoria e insegura; se culpabiliza de todo lo que ocurre a su alrededor y se frustra cuando no logra solucionarlo.
Ella es Venus, una persona más a la que la vida no ha tratado bien. Se ha sentido humillada hasta la desesperación. Ha vivido contra corriente, al margen de unas reglas que no acaba de comprender. Dice que nunca se ha percibido amada y esa ha sido una de sus mayores derrotas. A veces hasta el aire se le hace caro y le cuesta respirar.
Llegará un momento en que Venus despierte de la pesadilla que la envuelve y se sienta liberada. En ese tiempo único buscará la felicidad en su interior y todo lo demás serán elementos complementarios en su nueva construcción del mundo. Llegada a ese punto se mostrará satisfecha, sin tabúes, sin miedo a expresar lo que siente, a ser ella misma, a convertirse en una Venus renacida, con sus virtudes e imperfecciones. Se aceptará, se cuidará y jamás volverá a castigarse ni a permitir que nadie la someta. Entonces se mirará en un espejo y se verá hermosa, como realmente siempre ha sido.
Mirad con atención y sensibilidad a los seres humanos que os rodean, quizá cerca haya una Venus que sufre en silencio; es posible incluso, que tú, mujer, puedas ser también una Venus.

Gema



lunes, 17 de abril de 2017

La oposición

Este librito es una sorpresa, aparentemente ingenua, que nos hace profundizar en el tipo de sociedad en el que vivimos. Teóricamente nuestro mundo se articula en base a unas leyes que garantizan una serie de derechos fundamentales. Toda esa construcción no es más que un artificio falaz para mantener a la población sumisa, mientras observa pasiva el alfil de una balanza que imaginan equilibrado; esa balanza mide lo que dan como servidores del Sistema y lo que reciben a cambio. La realidad, sin embargo, está tapada por un vaho de demagogia y de credulidad consentida; esa realidad, de ser vista nos mostraría la mentira en la que vivimos y la auténtica cara de nuestros señores. La novela se desarrolla alrededor de un viaje en el que una persona corriente pretende forjarse un presente y un futuro con las herramientas que le proporciona el sistema social en el que vive. Su recorrido, torpe, infantil y testarudo nos conducirá hacia una de esas verdades que se esconden detrás de la demagogia de la política representativa.

César Peña


Texto
Portada

lunes, 30 de enero de 2017

Morir en Madrid

Glosar la figura de José Buenaventura Durruti Dumange (1896-1936) a estas alturas es un acto baladí. Numerosos libros y artículos se extienden en infinitas páginas, analizando sus hechos y su tiempo. La figura de este ser singular ―semejante a otras muchas personas de su época con menor renombre―, representa un ideal como ser humano ejemplar y como modelo a seguir. Se puede considerar como excepcional su arrojo, su carácter firme, su entrega a una lucha sin cuartel difícil de ganar desde el principio; todo eso es encomiable y, desde luego, digno de admiración; sin embargo, lo que más atrae de él es su talante generoso, escrupuloso con sus conductas, con las que pretendía servir de ejemplo; desapegado de cualquier afán de posesión y con una incomparable voluntad de sacrificio por sus iguales.


Recordarle y quererle, sin haberle conocido, me ha llevado, en estos días mendaces e indignos, a escribir esta ficción en cuatro actos. El encuentro entre dos hombres muy diferentes; un suceso arduo de imaginar, pero cierto. Durruti el guerrillero, el atracador, el obrero metalúrgico, el comandante de una columna de milicianos libertarios dispuestos a morir por La Idea, frente a un cura rural de treinta y dos años, Jesús Arnal Pena, natural de Candasnos, provincia de Huesca, al que salva la vida y acoge con respeto bajo su protección.

Permanecieron juntos hasta días antes de la muerte de Durruti, acaecida un 20 de noviembre de 1936. Incluso después, Jesús Arnal Pena se mantuvo fiel a su misión de escribiente dentro de la Columna Durruti, ya convertida en la 26ª División del ejército republicano, a la que acompañó hasta que atravesó la frontera francesa en 1939.

Imaginar a los dos juntos, a solas, en una humilde casilla de peón caminero donde se había montado la oficina que gestionaba el papeleo de la Columna, genera todo un universo de escenas de convivencia, de diálogos y, por supuesto, de contrastes. Porque tenía que haberlos por necesidad; Durruti, el militante anarquista intransigente, el ateo irredento, y el sacerdote conservador, temeroso de Dios y de los hombres (en ese momento más de los hombres), defensor del orden y las buenas costumbres burguesas, que temía el nuevo mundo que la revolución social estaba poniendo en marcha. Jesús Arnal Pena no era un converso a las ideas anarquistas, estaba protegido por alguien casi incuestionable como era Durruti. Eso le hacía desdibujar su figura eclesiástica, sin convertirle en un miliciano, aproximándole a algo intermedio de definición compleja, quizá huidizo, tal vez camaleónico; por sus hechos, ético, pues pudiendo haber escapado cuando tuvo ocasión no lo hizo.

En base a esa convivencia atípica se construye esta obra en la que se describen un conjunto de sucesos documentados por el propio Jesús Arnal Pena en su libro Yo fui el secretario de Durruti (1996), por Abel Paz en Durruti en la revolución española (2004) y por Hans Magnus Enzensberge en El corto verano de la Anarquía (2006).

Bajar libro

jueves, 15 de septiembre de 2016

El perroflauta

Desde el 15 de mayo de 2011 una parte de la población de este país ha empezado a despertar y a ocupar las plazas, convirtiéndolas en lugares emblemáticos de discusión y resistencia. Muchos acontecimientos se han vivido en ellas, emocionantes, alegres, incluso dolorosos. Hemos aprendido, como niños hambrientos, saberes y formas de lucha que permanecían archivadas en la biblioteca del olvido. Hoy somos más ricos en valores e ideas que hace unos meses; ese conocimiento adquirido nos impulsa hacia un horizonte de libertad y de contestación social, inquebrantable ante la pérdida de derechos que el mundo financiero y su fiel sirviente, la clase política, tratan de imponernos para mantener sus privilegios.
Esta obra de teatro plantea un escenario cotidiano, íntimo, de confrontación entre generaciones diferentes, y la visión particular de cada una del momento actual. Expone reflexiones abiertas sobre cómo se conquistan las libertades, cómo se pueden afrontar los retos perennes de la transformación social; y también abre el debate sobre los distintos papeles que cada ciudadano puede desempeñar en la tensión constante entre opresores y oprimidos. Cada individuo tiene una responsabilidad que debe asumir, nadie es inocente si permanece impasible ante la injusticia. En ese contexto los personajes discuten, se enfrentan y conmueven. El espectador participa en la obra desde fuera del escenario con las contradicciones que la trama dramática le genera.