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lunes, 9 de febrero de 2015

Sobre el MIL

Bien, buenas tardes a todos. Yo soy un ex militante del MIL, y también de la OLLA, de los grupos autónomos. Me han llamado aquí para hablar un poco de lo que no explica la película «Salvador», que es todo el contexto histórico y lo que fue el MIL en esencia. En cierta manera, si algo hemos de agradecer a esa película, que es una gran manipulación política, es que puede que sea la causa de que ahora estemos aquí hablando ya no de la película, aunque es posible que haga algunas referencias sobre algunos aspectos suyos, sino de lo que fue el MIL en esencia, que es de lo que hablaré yo durante la charla, de cómo nació, de dónde nació, y de cuáles fueron sus aportaciones más importantes en relación con su época. Para mí, esto es bastante importante: explicar aquello que se ha querido ocultar por el pacto de los demócratas con los franquistas del que hablamos en ese manifiesto que hemos repartido, que fue el último que se distribuyó firmado a los medios de prensa de Barcelona, tanto de medios oficiales como alternativos y libertarios. Se trata de un documento político, en el cual, en síntesis, decimos lo que pensamos nosotros, los que quedamos todavía, como gente que luchaba en aquella época: ex miembros ya sea del MIL, de los grupos autónomos, o incluso del movimiento obrero autónomo que les dio soporte, por ejemplo, de las Plataformas Anticapitalistas o de los Grupos Obreros Autónomos, que también hay dos o tres firmas de esa gente. Así, lo que se os ha repartido es el manifiesto final que se dio a la prensa, aunque nosotros ya sabíamos que caería en el vacío, a pesar de la curiosidad mostrada por muchas televisiones y prensa, por saber lo que diríamos nosotros, después del ruido que habíamos hecho porque estábamos disconformes, y más que disconformes, indignados, muy molestos, porque el hecho de hacer una película de este tipo, habiendo aún personas vivas, más que otra cosa, era una provocación en toda regla. Si nosotros estuviéramos muertos, podrían hacer lo que quisieran. Al estar todavía vivos, no podíamos callarnos viendo que se decían tantas mentiras, medias mentiras, medias verdades para lavarse la cara política y utilizar la figura de un revolucionario, de un libertario como fue Puig Antich, para hacer dinero y lavarle la cara política a toda la Transición, a toda la mentira y la traición de la Transición, haciendo pasar por un simple antifranquista a uno que era un revolucionario hasta el final, y que le tocó morir de una manera trágica como le podía haber tocado a cualquiera de nosotros. Todo eso es indignante, pero no me referiré más a ello, aunque aquí sí que he de decir alguna cosa, que la prensa valenciana se ha caracterizado, o la crítica de cine valenciana se ha caracterizado por alabar de una manera ostensiva esa película. No he visto ni una sola crítica, ni una sola crónica crítica de esta película, que en cierta manera, como he dicho antes, hace que ahora estemos aquí hablando del pensamiento de Puig Antich, del MIL y de todo el movimiento obrero que le dio nacimiento.
Para mí son muy importantes las referencias históricas, y más si son revolucionarias y son de ruptura, si son liberadoras. Es muy importante tener referencias, conocer nuestro pasado más inmediato, porque los políticos, los que han hecho esto que llaman democracia, su democracia, nos niegan continuamente la memoria histórica, nos la falsifican, porque evidentemente a ellos no les interesa que se sepa que había personas como en la Guerra Civil, en las colectivizaciones, cuando la misma clase obrera fue capaz de colectivizar y de hacer una revolución, o que a principios de los setenta había gente y había un proceso revolucionario en marcha que podría haber ido mucho más lejos si no hubiesen pasado muchas cosas que pasaron en la Transición, etc., etc. Entonces, para mí es muy importante recuperar esta memoria histórica que nos niegan continuamente, que nos falsifican y manipulan, precisamente porque es importante. Pero para mí la historia es una referencia, que ha de servir siempre a la reflexión del momento presente, mirando al futuro; que nos ha de servir no como algo histórico, ya pasado, sino como una herramienta crítica, vigente aún en el presente. Y eso es todavía, de alguna manera, el pensamiento del MIL, de Puig Antich, de ese movimiento que fue truncado a mediados de los años setenta, actual todavía en muchos aspectos, porque es un proyecto revolucionario que está por acabar, que está por hacer, y en cierta manera, sus aportaciones, a las que me referiré más tarde, están de actualidad, como algunos dicen, por su modernidad, o por los puntos de ruptura que tuvieron en una época muy determinada, enfrentándose al dirigismo, al leninismo, a los partidos políticos, y luchando de una manera individual y colectiva por una liberación social, por iniciar un proceso revolucionario de abajo a arriba. Dicho esto, para mí, lo más importante no es lo que yo diga aquí, que puede ser válido en cuanto hay personas que no sabrán posiblemente algunas cosas, aunque habrá otras que sí, pero para mí lo más significativo es lo que vosotros preguntéis, lo que vosotros queráis saber, criticar o hablar sobre el MIL, o sobre la realidad actual que haga referencia al MIL o a sus planteamientos, o tenga que ver con la reflexión del presente. Así que intentaré ser breve y pasaré ya a hacer una pequeña exposición de lo que fue el MIL.
Antes que nada diré una cosa. He dicho antes que haría algunas referencias a la película, y son obligadas, no porque quiera hablar de la película, sino porque la gente del MIL sale en ella como una gente aislada completamente de todo movimiento obrero, como cuatro sonados, cuatro tocados de la cabeza, cuatro payasos a veces, que van por su cuenta. Eso no es verdad, la gente del MIL va conjuntamente, de la mano, con la clase trabajadora más luchadora, más autónoma, quiero decir que se enfrenta ya a mediados de los años sesenta dentro de las Comisiones Obreras a los aparatos políticos, especialmente del Partido Comunista, que en Cataluña es el PSUC. Bien. Dicho esto, hay que hacer referencia al surgimiento de las Comisiones Obreras, que nacen en el 62-63, en Asturias. Como sabéis las Comisiones Obreras no eran lo que ahora son, un sindicato burocratizado e integrado en el sistema. No eran un sindicato, sino delegaciones. Cuando había conflictos obreros, surgían de las asambleas a través de delegados y cuando acababan los conflictos dejaban de existir. Entonces, estas Comisiones Obreras se extienden a todo el Estado, llegan a Cataluña, al País Valenciano, a Andalucía, a Madrid, a todos los sitios. Y no es hasta finales de los años 60 cuando en Cataluña, concretamente, donde nace el MIL, hay una lucha interna de los partidos por controlar estas Comisiones Obreras que tenían ya un germen autogestionario y prerrevolucionario importante, y de masas. En Cataluña hay una lucha entre el FOC (Front Obrer Catalá), socialista, y el PSUC, que era comunista; a finales de los años 60 la hegemonía, el control de las Comisiones Obreras pasa a manos del PSUC. Esto origina en el seno de la clase obrera una réplica, y aparecen una serie de revistas que se llaman «Qué hacer», «Plataformas», «Nuestra clase». Son revistas que, viniendo del campo marxista, cuestionan esa hegemonía, hablan de la autonomía; algunas son sindicalistas revolucionarias, es decir, no están de acuerdo con el control de un partido político y luchan por la autonomía de clase dentro de las Comisiones Obreras. Digo esto porque hay elementos, que después formarán el MIL, que ya están dentro de esa clase obrera que pasa al contraataque, a contrarrestar este control del PSUC y otros grupúsculos de las Comisiones Obreras. En conclusión, hay gente, a mediados de los 60, gente del MIL, que está en Comisiones Obreras y que se va radicalizando a través de las luchas; participa en luchas en el Vallés, en comisiones de barrio, en Comisiones Obreras, en esas revistas autónomas que van surgiendo, sindicalistas revolucionarias o autónomas de clase. Y bien, digo esto porque es una evolución, el MIL no se puede explicar sin el nacimiento de una clase obrera autónoma, anticapitalista y cada vez más radicalizada, que lucha por la autonomía obrera, por las asambleas, en contra del control de los partidos políticos y, esencialmente, el que tenía entonces más fuerza, el PSUC, que era el Partido Comunista. El MIL si no hubiese estado esta clase obrera autónoma no hubiera existido nunca. Porque hay algunos de sus elementos, los que dan después fuerza y contenido al MIL, que son gente que parte de ahí. Porque también hay que saber que en los años 60 el movimiento libertario fue aniquilado por la represión. Así, a mediados y finales de los años 60, tanto en las universidades como en las fábricas, lo que predominaba, lo más avanzado, era el marxismo, el leninismo o el maoísmo. La gente del MIL parte de ahí porque no había otra cosa, y se va radicalizando en las luchas, partiendo de un marxismo antiautoritario, autónomo, de consejos obreros, conjuntamente con las luchas obreras que se van dando en Barcelona y otras ciudades industriales [...]

Ricard Vargas



miércoles, 7 de enero de 2015

MIL-GAC. Documentos públicos 1975-1976

Coño!
Mayo 37
En el ex-MIL, no había dos tendencias, una «anarquista» y otra «marxista», mantener eso es completamente falso, lo que realmente existía era una visión global radical. Entendemos por radical, el ataque del capital en su base económica: medios de producción, mercancía, intercambios, depósitos económicos, y su expropiación y socialización en las manos de los proletarios revolucionarios. Tácticamente el uso de la violencia revolucionaria es una necesidad urgente de todo proletario que quiera manifestar su deseo de realización de su ser y al mismo tiempo su negación como proletario atrofiado por el Estado. Quien nos obliga a utilizarla es el desarrollo y acumulación del Capital. La violencia es revolucionaria cuando su utilización tiende a transformar y destruir el modo de producción capitalista y su representación mediatizada, o sea al trabajo asalariado y la mercancía. Y no se trata de ninguna manera en cambiar, incluso por la violencia, la forma de gestión del modo de producción capitalista. Son los proletarios quienes se unen y organizan para realizar y satisfacer sus necesidades concretas impuestas por la dominación del Capital en un momento dado de la historia, y son en realidad estos proletarios que unen sus individualidades para actuar será colectivamente, sea individualmente, con vistas a suprimir su alienación y opresión cotidianas, quienes deciden las formas, la manera de su práctica y su intervención; al mismo tiempo que mantienen entre ellos, después de la acción, unos contactos informales para la coordinación de las tareas con vistas a convertirlas de victoria parcial, a victoria total. La violencia revolucionaria, la huelga insurreccional revolucionaria, el sabotaje económico, los actos subversivos, el absentismo, el boicot, la propaganda y la crítica teórica radical se complementan entre sí y hacen un todo global de rechazo del Capital. La utilización separada y exclusiva de una de ellas en permanencia, en el momento actual, por parte de cualquier grupo proletario, significa su completo desfase con la lucha, o su pretensión para dirigirla como elementos exteriores al proletariado. Si en un momento dado la evolución del ex-MIL y de los GAC se planteó la cuestión de la utilización de ciertos métodos y formas de acción, que en otro momento histórico habían utilizado los anarquistas, fue porque la situación real y el proceso de lucha en España lo imponía. Esto permitió acabar y liquidar toda una serie de ilusiones que existían con relación a ciertas prácticas de lucha, y al mismo tiempo replantearse otros objetivos y formas de acción, que permitiesen formar y dinamizar un movimiento autónomo de proletarios. La utilización de estas formas de acción, no son exclusivas de los anarquistas, una expropiación de capital en un banco puede ser realizada por fascistas, marxistas o «bandidos»; o sea, que el medio puede servir a distintas ideologías. Únicamente el contenido de la acción y su utilización posterior puede determinar su carácter subversivo revolucionario, es decir, que tiende a crear un agitación que posibilite la destrucción de las relaciones sociales de producción.
A partir de ahí, querer etiquetar a unos proletarios que lo utilizan de «anarquistas», es una solución fácil que usan ciertos ideólogos y falsificadores notorios, inmersos en su pasividad consentida, y que siguen perteneciendo y defendiendo el viejo mundo del capital, del que nunca han salido a pesar de sus pretensiones. Lo que es evidente es que no puede existir la utilización y monopolio de una táctica o estrategia por una tendencia política dada. La clase obrera «idílica» no existe, y plantearse la problemática de su «liberación» no es más que un deseo de dominarla y de controlarla. Nosotros no somos «exteriores» al movimiento proletario, formamos parte de él en tanto que proletarios (individuos) privados y excluidos de los medios de producción, de información, de satisfacción de nuestras necesidades y el control de nuestra vida cotidiana.

Coño! Julio 75
Texto
Portada folleto
Folleto

miércoles, 16 de abril de 2014

Génesis y auge de la autonomía obrera en España (1970-1976)

1970 fue un año crucial para la lucha de clases en España. Tras una década de desarrollismo industrial, una nueva clase obrera se consolidaba y reemprendía la lucha con nuevos bríos. Los obreros eran ocho millones, el 65% de la población activa. Si bien se vivía una situación de pleno empleo y se disfrutaba de un cierto consumismo, los salarios eran bajos y el coste de la vida aumentaba religiosamente. La presión de la carestía, la congelación de los salarios decretada por el Gobierno y los hábitos de lucha adquiridos en la década precedente se sumaron para lanzar a los trabajadores al combate. Durante ese año las huelgas triplicaron en número las de 1969, desafiando al aparato represivo de la dictadura. Los obreros de las grandes empresas, situadas básicamente en Barcelona, Madrid, la margen izquierda del Nervión y la cuenca minera asturiana, cedían protagonismo al joven proletariado –al que se incorporaban mujeres– nacido en los cinturones de las dos capitales y en los polos industriales del franquismo; en el Goiherri (Guipúzcoa), Valladolid, Pamplona, Vitoria, Sevilla, Zaragoza, etc. Sorprendía la solidaridad activa que podía organizarse en torno a una huelga hasta el punto de alborotar la provincia entera, como por ejemplo, la de Orbegozo, fábrica siderúrgica de Zumárraga (Guipúzcoa), al despuntar el año. Existe algún consenso en señalar la heroica huelga de Laminación de Bandas en Frío de Echévarri, entre enero y mayo de 1967, como la primera huelga radical, o la huelga de Blansol, fábrica de un centenar de trabajadores de Palau de Plegamans (Barcelona), habida entre noviembre y diciembre de 1968, como la primera huelga conducida mediante asambleas. En efecto, el Gobierno tuvo que declarar el estado de excepción en Vizcaya para quebrar el muro de solidaridad que protegía a los huelguistas de Bandas, y en cuanto a los obreros de Blansol, aunque cercados por la guardia civil, fueron reuniéndose a la hora del bocadillo o en un pinar cercano a la salida del trabajo para tomar decisiones, formar piquetes e incluso perseguir a esquiroles y organizar sabotajes. Pero la primera huelga específicamente asamblearia, es decir, completamente al margen del sindicato vertical, donde los trabajadores impusieron a la dirección un comité de doce miembros elegidos en asamblea, fue la de Authi, en el polígono Landaben (Pamplona), en marzo de 1970. Esa táctica traducía un mayor grado de determinación entre los obreros que empezó a tener consecuencias entre los reformistas [...]
Miquel Amorós

FUENTE: KLINAMEN. Memoria anticapitalista

Texto
Portada folleto
Folleto


martes, 4 de marzo de 2014

De la materia de las crisis sociales

Entre los años que van de 1958 —año en que el régimen franquista crea un marco legal para los asuntos laborales, la ley de convenios— hasta 1978 —año de agotamiento del movimiento obrero asambleario—, el conjunto de la población asalariada española manifestó de forma creciente unos sentimientos de identidad y una comunidad de intereses que no han vuelto a darse desde entonces. El exterminio de los activistas, militantes y afines a la clase obrera emprendido desde los mismos comienzos de la Guerra civil revolucionaria en el 36, sirvió de arranque para estabilizar y reforzar la clase dirigente.
En veinte años, el conglomerado clerical, agrario y fascista amparado por la dictadura militar, transformó las bases de su poder favoreciendo un desarrollo industrial que arrastró la población campesina a los suburbios de las ciudades, y proporcionó la materia de las crisis sociales que llegarían con el tiempo.
A partir de 1970, primer año de la autonomía proletaria, la existencia de una nueva clase obrera sería el factor más significativo de la vida política española. Lo demuestra la intensa agitación desarrollada a su alrededor, así como la cohesión alcanzada por la clase dirigente al sentirse amenazada por ella. En un ejercicio sin precedentes de amnesia histórica, los políticos de las diversas facciones burguesas «superaron» entonces los antagonismos de la época republicana.
La clase obrera de la que hablamos tiene fecha de aparición y, por desgracia, también de caducidad; es en resumen una formación histórica. Determinadas condiciones la alumbraron; forjaron una sociabilidad interna a base de costumbres, ideas y valores; determinaron modos de actuar y de organizarse específicos, o, dicho de otra manera, le dieron conciencia de clase. A lo largo de su existencia hubo de permanecer en movimiento; desarrollar esa conciencia, fijarse objetivos y nombrar a todos sus enemigos para combatirles mejor, a los que la pretendían arrinconar y a los que la querían dirigir. Cada paso que diese en esa dirección fortalecería su papel, mientras que el estancamiento o los retrocesos disminuirían su peso en los acontecimientos y pondrían en peligro su realidad como clase social histórica. Especialmente en cuanto atañe a sus medios propios de expresión y toma de decisiones: la desmembración del asambleismo acarreada por los Pactos de la Moncloa de 1977 hizo que una clase consciente y combativa en un quinquenio se convirtiera en una multitud dócil y conformista.
Miquel Amorós